Chiharu Shiota
Cartas de agradecimiento

26 de septiembre 2014

11 de enero 2015

CHIHARU SHIOTA
Cartas de Agradecimiento
Menene Gras Balaguer. Directora de Cultura y Exposiciones. Casa Asia.

 

La correspondencia por correo postal ha sido un dispositivo de transmisión de información habitual  hasta la aparición de internet y,  pese a su sustitución por otros medios alternativos más eficaces, ha desempeñado un papel crucial en el sistema de comunicación desde la invención del papel. El género epistolar suele dirigirse a un otro imaginario, el destinatario al que el sujeto que escribe habla pensando en sí mismo, y su  discursividad se basa en una construcción narrativa como la que caracteriza el micro relato. En la historia de la literatura universal, cartas y diarios de escritores y artistas han sido decisivos por su carácter autobiográfico y por las revelaciones que sus autores hacían acerca de sí mismos, a la hora de abordar las circunstancias particulares y generales en las que se ha producido una determinada obra y la experiencia subyacente. Con la intervención que ha planteado específicamente para el EACC, bajo el enigmático nombre de “Cartas de Agradecimiento”, dentro de un programa expositivo que tiene muy en cuenta a los públicos a los que cree deberse, Chiharu Shiota rinde homenaje a esta escritura, en ocasiones considerada erróneamente residual. Ha bastado una década para que la artista acabe realizando más de seis exposiciones individuales al año y otras tantas colectivas, sea en Japón o en otras partes del mundo. Si hace apenas dos años hizo su gran exposición, “Sincronizando Hilos y Rizomas”, en la sede de Casa Asia, el entonces Palau Barò de Cuadras, edificio representativo del modernismo catalán más orientalista, y menos de un año que hizo un nuevo proyecto en la Galería Nieves Fernández de Madrid, el EACC acoge ahora la última propuesta de la artista coincidiendo con su nombramiento para representar a Japón en la próxima edición de la Bienal de Venecia, que tendrá lugar en mayo de 2015.

“Cartas de agradecimiento” es una obra participativa, concebida como una instalación, en la que se brindaba la oportunidad de contribuir a todos los interesados que fueran capaces de escribir una carta dando las gracias, fuera cual fuera el motivo de la gratitud del yo que escribe a un supuesto “otro”, sin necesidad de identificarlo. En las bases de la convocatoria, incluso podía tratarse de una alteridad imaginaria, la única condición es que el contenido tuviera una relación con el correspondiente sentimiento de gratitud. Esta instalación en el EACC supera por su magnitud todas las expectativas, tanto por la superficie que ocupa como por el número de misivas enviadas. Diez mil cartas escritas por habitantes de Castellón y la provincia se han reunido construyendo los fragmentos de un relato hecho de narraciones breves, que la artista articula y anuda a sus arquitecturas hechas de hilos que parecen transformarse en cuerdas que nos atan al mundo. En una de sus entrevistas más recientes y que ella considera clave para entender su experiencia como artista, explicaba a Omori Toshikatsu que esta instalación significaba mucho para ella, porque la asociaba a la figura del padre, que lamentablemente murió sin poder ver su exposición individual en el Kochi Museum of Art, entre julio y septiembre de 2013. Su padre era de Kochi, donde ella también nació, aunque después la familia se trasladara a Osaka, y siempre le había dicho que esperaba ver este sueño cumplido, deseando su regreso. Pero,  murió en otoño y esta instalación que contó con 2.400 cartas de agradecimiento se convirtió en  un homenaje póstumo, en el que la artista muestra su agradecimiento al padre que algunas veces odiaba, pero al que amaba también por encima de todas las cosas y que empezó a entender realmente cuando se fue a vivir a Berlín y después de tener a su hija..

Esta instalación de Chiharu Shiota tiene que ver con muchos elementos referenciales de la cultura japonesa, lo que ella entiende como universo exterior, y a la vez con su experiencia personal o universo interior, cuyas dimensiones son para ella comparables. Entre uno y otro, el primero representado por la cultura de origen y el segundo con el yo separado de la raíz, tensa los hilos que constituyen las densas redes  que unen  materialmente todas las partes de un todo específico constituyendo una nueva espacialidad. Los hilos se pueden identificar a su vez  con el flujo del tiempo y con un acontecer que pone en comunicación la vida y la muerte del mundo. Pero, el uso de los hilos que ella hace recuerda el tipo de cuerda de paja de arroz trenzada (shimenawa), que se emplea en ciertos rituales de purificación en los santuarios sintoístas. A estas cuerdas se atan en zigzag tiras de papel (shide) con ofrendas o deseos, al igual que los oráculos escritos (omikuji) sobre tiras de papel dobladas se cuelgan de las ramas de los árboles sagrados. Los destinatarios son los kami u otras deidades de la mitología japonesa, a las que se atribuye el poder para ahuyentar la desgracia o satisfacer las peticiones que se han hecho por este medio.  “Cartas de agradecimiento” se puede entender así como una propuesta de ritual, cuyos antecedentes se hagan o no conscientes, tienen que ver con las cuerdas, los papeles y las tabletas tradicionales (ema) que venden en los templos, sobre las que se escriben deseos y se cuelgan de un árbol sagrado para que los dioses puedan leerlos. Es una obra en la que un colectivo anónimo comparte secretos sin contar y que, a través de las muestras de agradecimiento, narra historias particulares exponiendo el mundo de afectos que forma parte de cada universo personal.

Al igual que si dibujara, la artista entreteje los hilos uniendo diferentes puntos de la nave central del EACC, como si se tratara de rizomas que se prolongan a través de caminos  que se pierden en una geografía extraordinaria, propiciando  una especie de intertextualidad, que el ojo difícilmente discierne sin extraviarse. Esta ocupación del espacio, al igual que en otras instalaciones de la artista, no se hace sin atrapar todos los objetos que se encuentran entre ellos: los vestidos de novia, las camas de hospital vacías, los zapatos que fueron llevados por seres que han desaparecido, los espejos rotos, los pianos callados, los libros leídos, las maletas llenas de lágrimas y  las cartas anónimas de agradecimiento, como es en el caso actual. Los hilos son comparables a cuerdas que impiden el paso al transeúnte, pero también a las venas del mundo que se dispersan y se entrecruzan recíprocamente generando una  circulación en múltiples direcciones. La diáspora experimentada por la propia artista precede el inicio de estas creaciones de hilos con las que se inventan caligrafías y actos de habla, cuya exploración indica el intento de resemantización por parte de la artista de nuestro entorno más doméstico y cotidiano. No obstante, estos hilos son también las gotas unidas de lluvias de una melancolía lúgubre muy antigua, que se transmite de generación en generación a través del cordón umbilical que nos une al mundo. Nuestra experiencia de lo real y la realidad activa un sistema relacional entre yo y el mundo que introduce la noción de tiempo en un espacio dado, activando una especie de topología de red, mediante la cual la percepción sensible amplía su campo de visión. Todo empieza en el dibujo y la línea, que se transforma en una lluvia horizontal que es la viva imagen del dolor de la pérdida y la melancolía del tiempo que obra el nacer y morir de las cosas de este mundo, su aparición y desaparición, al igual que la presencia y ausencia de todo lo que existe. Así que este texto también es una carta de agradecimiento, pero en este caso a la propia artista por todo lo que nos dice a través de su obra.